Cuando se habla y se escribe sobre medios, técnicas y recursos didácticos se olvida generalmente la pizarra, como si fuera la pariente pobre, o peor aún, la olvidada. La pizarra, sin embargo sigue siendo, junto a documentos y libros de texto, la compañera inseparable de profesores de todos los niveles. Siempre hay una pizarra, o tablero que haga sus veces, a mano. Aún en las peores condiciones. No por ser tan común la pizarra es bien utilizada; todo lo contrario. En la formación de profesores normalmente no se enseñar a utilizarla, siendo como es el recurso didáctico que siempre está presente.

Qué es la pizarra

La pizarra es un soporte plano en el que se puede escribir y borrar tantas veces como se desee.

Las más comunes son:

Pizarra clásica. Es de madera pintada, y se escribe sobre ella con tiza. Su color ha variado conforme a modas y recomendaciones para prevenir riesgos oculares. Tradicionalmente fue de color negro. Hoy día se utiliza el color verde, como más relajante. La tiza es blanca aunque en algunas ocasiones se ha sugerido el color amarillo, rechazado normalmente porque mancha más. Hay tizas blandas, que al desprender más polvo pueden provocar alergias. Se utiliza en estos casos la tiza antialérgica.

Pizarra blanca (tipo velleda). Es una superficie plástica blanca sobre la que se escribe con rotuladores especiales que pueden borrarse. Es de apariencia más limpia que la anterior, y se usa para evitar la sensación de aula tradicional o en aulas de informática, con el fin de rehuir el polvo de la tiza. En realidad, los rotuladores que se utilizan, de material graso, manchan manos y ropa, por lo que en caso de larga utilización son poco recomendables. Como ventaja es de destacar que sobre ellas se puede proyectar, haciendo posible escribir o dibujar sobre lo proyectado.

Pizarra de papel, rotafolios, papelógrafo o flip-chart. Es un conjunto de láminas grandes de papel reunidas en un blok, que se apoyan y sujetan en un caballete. Es el mejor sustituto de la pizarra tradicional. Se escribe con rotuladores no permanentes, lo que la hace más barata. Tiene una gran ventaja sobre cualquier pizarra, y es que además de la limpieza, al no borrar, la información se puede mantener durante mucho tiempo y volver a ella cuantas veces se crea necesario.

Otras pizarras poco o casi nada utilizadas pero que conviene tener en cuenta son el franelógrafo, o pizarra de franela, la pizarra magnética o magnetógrafo y la sofisticada y bastante cara e inútil pizarra electrónica, que memoriza información, borra electrónicamente y hace fotocopias.

Utilización didáctica

Las pizarras dan una gran posibilidad de uso, que hay que, como todo recurso didáctico, preparar, relacionar con el contexto de la clase y utilizar correctamente.

La pizarra permite en grupos grandes una buena visualización y en los reducidos una gran concentración de la atención. Para ello hay que mimar su uso, preparando previamente textos, esquemas o dibujos y racionando el espacio con el fin de no confundir a los alumnos. Es conveniente borrar siempre que se cambia de información. En el caso de querer mantener algún esquema o idea con el fin de relacionarlo posteriormente, se debe dejar en algún lugar concreto del espacio útil de la pizarra, sin que se confunda con el resto. Si se desea reutilizar la información es preferible volver a escribirla o hacer que los alumnos la copien es sus apuntes.

En caso de pizarras de papel, la información será clara en cada hoja y se puede almacenar para su uso posterior, solamente volviendo páginas hacia atrás.

No hay que improvisar aquello que se escribe en la pizarra, de la misma manera que no improvisa una lámina o las transparencias del retroproyector. Para explicaciones y exposiciones claras, el mensaje en la pizarra debe ser corto, conciso, bien escrito, y si existen gráficos, tan coherentes como los que se hacen en otros soportes. La pizarra hay que prepararla como otros medios didácticos.

En ningún caso, como se afirma en algún manual, la información de la pizarra hay que elaborarla sobre la marcha. Siendo este medio tan usual, barato, asequible y sencillo, es conveniente que se convierta, si ya no lo es, en rentable formativamente hablando.

La pizarra sirve para presentar esquemas, focalizar palabras o mensajes cortos, presentar la solución de problemas, hacer que los alumnos demuestren sus conocimientos, incitar a la participación, apoyar explicaciones…

Se recomienda escribir con letra clara y lo menos posible, intentando no dar la espalda, y menos hablar mientras tanto, a los alumnos para evitar la pérdida de la comunicación.

Integración en acciones formativas

En cursos o clases en los que los objetivos a lograr tengan que ver con la comunicación, es necesario utilizar la pizarra en cualquiera de sus variantes o en todas ellas, con el fin, no solamente de apoyar la explicación sino, y sobre todo, para que los alumnos vean cómo se usa, en qué momentos de la explicación se subraya, o se focaliza, sirva de modelo como expresión de mensajes y aporte a los alumnos elementos comunicativos válidos. Es además imprescindible hacer a los alumnos expresarse con la ayuda de la pizarra con la finalidad de enseñar otras formas de uso, eliminar posibles errores o posturas y adiestrarles en un medio que sigue presente en todas las aulas del país.

Cuando el alumno tiene que aprender a comunicarse, formadores, vendedores, atención al cliente, gestores, directores de empresa, publicitarios, locutores… el uso de los apoyos más sencillos, fundamentalmente la pizarra de papel o rotafolios, se convierte en imprescindible.